me he relacionado con la comunidad china

28 may


En Buenos Aires hay una comunidad china considerable. Son dueños de supermercados, tiendas de ropa y curiosidades. De hecho, El barrio chino es uno de mis lugares favoritos de la ciudad y, en general, la cultura oriental siempre ha sido algo que me ha atraído mucho. Quizás no es casualidad que de repente por cosas curiosas de la vida, me vea en las circumstancias que me hicieron conocer un poco más de cerca a esta comunidad. El caso es que me tocó escribir un artículo sobre platos exóticos (o poco convencionales) en restaurantes chinos. No contaba con muchas ayuda para realizar mi tarea. La orden de la revista para la que lo hice fue clara: ve e intenta que te dejen probar los platos. No te vamos a dar sino un presupuesto muy limitado para que -solo en situación de emergencia- puedas probar un par de cosas.

Yo creyendo que sería pan comido (o arrolladito comido), comencé mi travesía que relataré en capítulos:

Capítulo 1: la incomunicación en pleno.

Hice una selección de restaurantes para visitar por toda la ciudad. Me pareció inteligente llamar primero. Recibí respuestas tales como: “no entiendo” o “muy ocupado” (cuando no me colgaban el teléfono). Decidí afrontar el problema presencialmente y me fui con Dika a uno de los lugares donde me colgaron el teléfono. No podía concebir que en un restaurante no les interesara la publicidad gratuita que les haría. Entré y fui recibida por un grupo de  mujeres hablando en chino detrás  de la caja. Les traté de explicar con una sonrisa ridículamente grande cuál era mi objetivo, a lo que sólo  recibí miradas de hostilidad y fastidio (me sentí como una vendedora de seguros). Luego tras un seco: “no, gracias”;  recibimos una invitación indirecta (pero fuerte) para irnos. Sin desmoralizarnos, nos dirijimos a otro restaurante de la lista. Un hombre sonriente me recibió y  escuchó atentamente. Le pregunté si había algún plato en la carta que la gente pidiera poco, a lo que respondió:

-aló con huevo.

-No, pero uno que se pida menos que ese, uno más raro.

-Sí, aló con huevo

Tras un par de “aló con huevo” más, pretendí anotarlo, le di las gracias y salimos. Me percaté de que posiblemente iba a ser más complicado de lo que me había imaginado.

Capítulo 2: Ming Yao y la suerte de mi lado.

Al día siguiente, decidí llamar al restaurante más lujoso de la lista pensando en que correría con la misma suerte. Me atendió una argentina que, tras escuchar mi explicación, me invitó a acercarme al lugar. Tomé ese pequeño triunfo como una buena señal y tras acordar una fecha para mi visita, me fui a otro restaurante de la lista que quedaba cerca a mi oficina. Ya con la suerte de mi lado, las cosas comenzaron a salir bien. Al llegar conocí a Ming Yao (nombre falso), el dueño del lugar. Entendía español y hablaba a la perfección.  Fue el primero en darme datos valiosos para el artículo y por ello le tengo mucho cariño (aunque él no lo sabe). Me describió platos exóticos en detalle  y hasta accedió a que fueran a tomarles fotos para el artículo. Cuando le pregunté si me permitía probar alguna de las comidas me dijo que no.  No importa Ming Yao, tu amabilidad fue suficiente, me voy contenta.

Capítulo 3: el lujo hecho comida china.

En el restaurante lujoso al que llamé, no sólo me atendieron perfectamente sino que me pidieron que hiciera una selección de platos para probar. Sintiéndome Anthony Bourdain, elegí un par de opciones que el chef mismo me había recomendando y pronto me encontré sentada frente al Río de la Plata degustando manjares orientales y sintiéndome feliz. En ese momento  pensé que todos los esfuerzos valían la pena y que el artículo de alguna manera u otra, sería posible.

Capítulo 4: una familia de China y un ciervo de Bariloche.

Un domingo al mediodía me fui al barrio chino, donde tenía la mayor cantidad de restaurantes por reseñar. Me di cuenta de que había elegido una hora terrible.  Todos estaban a reventar y recibí muchas malas caras y “vuelve otro día”. Por lo menos logré acordar un par de encuentros y unos días más tarde regresé.  En uno de los restaurantes el dueño eligió un plato de carne de ciervo con una salsa exótica y exquisita (me trajo un poco para probar). Cuando estaba saliendo, me sonrió y me comentó que el ciervo era de Bariloche. Mmm…. ¿calificaba o no para el artículo? Creo que sí, total, el ciervo puede ser argentino, pero la receta sigue siendo china.

En otro lugar me encontré con el dueño y toda su familia sentados en una mesa en pleno restaurante sacando cuentas y contando el dinero de la caja chica (8 pm, restaurante lleno). Tras oir mi historia, el chino me dijo rápida y secamente que en su restaurante pedían todo lo del menú; que si no, no lo ofrecería. El caso es que no sé cómo, ni cuándo, ni porqué; pero terminé hablando un largo rato con el chino, me soltó la información necesaria y hasta me contó chistes sobre los argentinos.

Capítulo 5: orejas de cerdo y panza de pollo.

A la entrada del barrio hay una especie de rotisería china donde se ven cuerpos de pato colgando y garras de aves cocidas en una vitrina. Si han ido al barrio chino, con seguridad lo han visto y han notado las caras de asco que pone la gente al pasar. Bueno, yo quería esa comida para el artículo. Claramente ahí ni intenté explicar. Fui (con Lucas) y compramos un poco de todo. Hicimos un ranking en orden de incomible a comible: oreja de cerdo, panza de pollo, garra de pato y lengua de cerdo. Les digo que si le dan a alguien la lengua, en un sanduchito bien camuflajeada, se la comen felices.

Garra de pato semi-comida por Lucas. No es tan terrible como se ve. Cosa de no pensarlo mucho y meterle un mordisco (cuidando de no cortarse con la uña afilada).

Capítulo 6: mi nueva amiga.

Un amigo del trabajo es de ascendencia japonesa y, en una fiesta por estas fechas, se me ocurrió contarle de mis aventuras. A él se le ocurrió presentarme a una amiga china que quizás me podría ayudar un poco con el artículo. Acto seguido, me puso en contacto con ella mediante la magia de Facebook.  Sorprendentemente, ella se ofreció a llevarme PERSONALMENTE al restaurante de su tía. Yo no podía creer tanta suerte y tanta amabilidad. Me encontré un domingo con ella y su esposo (de ascendencia japonesa) y fuimos al lugar acordado. Probé los huevos fermentados de los 1000 años y otras cosas increíbles a las que jamás hubiese podido acceder sin la ayuda de un verdadero conocedor. La gente a nuestro alrededor comenzó a vernos con curiosidad y a señalar los platos de nuestra mesa. ¿Tuvieron esa sensación de que el que se sienta en la mesa de al lado sabe algo que uno no, y pide todos los platos correctos? Bueno, esa era yo. Este fue el momento cúspide de la experiencia. Sentí que era un gran logro estar ahí.

Capítulo 7: el restaurante que nunca fue y después sí fue.

Mi amiga china me recomendó un sitio super tradicional en Parque Centenario al que fui para cerrar mi nota con broche de oro.  Estaba cerrado por vacaciones, lo que fue una gran desilusión que duró cinco minutos. Ese fue el tiempo que me tomó descubrir un lugar de empanadas y pastelitos judíos en la misma cuadra (Ferrari 202). Absolutamente recomendado.

Unas semanas más tarde quedé con Leo de ir a comer empanadas judías ahí mismo y estaba cerrado, pero adivinen qué estaba abierto (¡Sí! el chino). El gran descubrimiento de este lugar son unas empanadas al vapor rellenas de caldo y cerdo llamadas Xialongbao, vale la pena ir y comerse 45. Había una pareja china sentada al lado  que pidió 8 raciones  (de 5 cada una… 5×8=40 empanaditas). No hacen falta más explicaciones.

Esto no es en el restaurant chino, más bien parece China. Esas sí son las empanaditas exquisitas llamadas Xiaolongbao. Las pongo para que las reconozcan y les de hambre y vayan y las pidan.

Finalmente pude terminar el artículo exitosamente. Estoy muy satisfecha por todas las experiencias vividas y por mis nuevos conocimientos en cuanto a comida china respecta. También estoy contenta con mi acercamiento a esta comunidad y cultura que es interesantísima. No quise mencionar a nadie ni a nada, pero si alguien está interesado en algún dato, que no dude en contactarme.

Muchísimas gracias para todo el que colaboró con esta experiencia, ya buscaré formas de agradecerles con algo de mi propia  cultura :)

he tenido una visita sorpresa

14 may

Pensando un poco  me di cuenta de que mi vida ha estado un poco carente de sorpresas. No de todo tipo de sorpresas, de hecho con frecuencia me pasan cosas inesperadas y geniales que llamaría sorpresas. Me refiero más  al tipo que te planifica alguien, estilo fiestas sorpresas y ese tipo de cosas. No es por falta de amigos y tengo una relación excelente con mi familia; pero por cosas de la vida, casi las llamaría casualidades, no ha pasado.

No sólo eso, sino que tiendo a anticiparme a ese tipo de cosas, por lo que en repetidas ocasiones me he boicoteado a mí misma lindas sorpresas. Falta que una amiga me llame a pedirme mi talla de zapatos una semana antes de mi cumpleaños, para que me acuerde que una semana antes,  le mostré unos zapatos que me gustaban a mi novio. Llegado el día confirmo que nuevamente me auto-arruiné una sorpresa. Creo que también es porque las personas (o por lo menos las que yo conozco) se emocionan tanto por sorprender, que empiezan a tirar pistas o comentarios alusivos a que “te tienen una sorpresa”  y yo los agarro todos. En definitiva, yo misma me he arruinado los momentos de este estilo a lo largo de mi vida.

El caso es que la semana pasada recibí una sorpresa ENORME (o por lo menos así se sintió). Fíjense que no puse foto incial  para que sea una sorpresa para ustedes también. Empezó así: hace unos quince días mi mamá me dijo que me enviaría un par de cosas con un amigo de mi papá que venía a Buenos Aires. Usualmente “un par de cosas” para mi mamá  significa: Kilos de harina P.A.N, kilos de Nestea, latas de Pirulines, etc. Todo aquello que pueda ser una verdadera causa de sobrepeso para una persona (que como era el caso, tiende a ser casi un desconocido para mí). Yo le dije que me daba mucha verguenza; que ya era pasar la raya del venezolanismo; pero ella insisitió que era un amigo de confianza y que igual me las mandaría.

El día en que debía ir a buscar mi envío,  llamé al teléfono indicado. Me respondió una secretaria de este tal amigo de mi papá y cuando me identifiqué respondió: “Sí Daniela, te estoy esperando con un envío MUY importante”. La verdad es que la harina P.A.N es como recibir un kilo de alegría, pero no sé si la calificaría como un envío MUY importante. Después del trabajo fui al lugar acordado, una oficina lujosísima cerca de Puerto Madero. Lo peor es que no sólo iba a recibir paquetes de alimentos, sino que yo iba a mandarle de vuelta a mi madre unos frasquitos de aceite de rosa de yo no se qué que me pidió. Esto en la oficina de Puerto madero, toda de marmol, yo con bolsita de Farmacity, yo recibiendo harina; qué verguenza sentí en ese ascensor.

Entré con mi paquetito todo arrugado por las enormes puertas de madera y fui atendida como si todos supieran quién era, muy raro. De repente llega el amigo de mi padre con sonrisa de oreja a oreja y me conduce a su oficina explicándome que tiene este tal envío importantísimo y yo iba pensando en porqué la harina PAN es tan valiosa para todo el mundo, cuando me abre la puerta y me encuentro con esto:

Para los que no leyeron “Yo nunca he ido a Andrés Carne de Res“, no tienen porqué saber que este apuesto y reluciente señor es mi padre. La verdad es que casi me desmayo. No sé si puedo explicar lo emocionante que fue, más allá del hecho de ver a mi papá, verlo sin esperarlo. Por unos días no pude dejar de pensar lo raro que es para la mente registrar información absolutamente inesperada. Es muy extraño lo que pasa cuando lo que ven tus ojos es algo que se aleja absolutamente de lo que esperabas ver y más cuando tiene una connotación tan positiva.

Pasó tres días en Buenos Aires por trabajo y nos vimos lo más que pudimos. Cuando tu familia está lejos comienza a cambiar tu forma de relacionarte con ellos. Lo dejé avergonzarme con típicas cosas de padre, lo traje a mi oficina y le mostré mi puesto de trabajo como si tuviese 7 años y lo estuviese llevando a mi pupitre en el colegio, lo dejé tomarme las fotos más vergonzosas del mundo con sus socios en la oficina, con mi jefe, a mi jefe solo, a mí sola, etc. Además me di cuenta que no me importaba nada de lo que usualmente me molesta de él y pude disfrutar el tiempo que estuvo aquí de otra manera.

El momento terrible de estos encuentros es la despedida. Fue corta y casual, como si nos fuésemos a ver en un par de días otra vez . Yo me quedé con un huequito por dentro que estuvo muy presente un par de días  y con nuevos recuerdos  que se activan cuando paso por las calles por donde caminé con él durante esos tres días.

Sí, es una foto  familiar vergonzosa, más aún porque la tomó mi jefe, pero tiene cierto grado de ternura… ¿no?

me sentí emprendedora

26 abr

EMPRENDEDOR es una palabra grande (y no por estar en mayúsculas). EMPRENDEDOR es un adjetivo calificativo gigante y muy halagador. Siempre hay que utilizarlo con cuidado, especialmente cuando uno se refiere a sí mismo. Sin embargo,  fui a un evento que me cambió un poco la perspectiva sobre el tema.

Les cuento: mi compañera de trabajo Valeria, me contó de un desayuno al que la habían invitado donde se juntaban personas del mundo del diseño y del arte a contar sus ideas y proyectos nuevos. Yo, aficionada a las primeras experiencias, dije que la acompañaría al próximo sin entender mucho de qué se trataba la cosa. Llegado el día, armada de amigas emprendedoras (Lui y Valeria), me aproximé a los predios. El lugar de la cita era muy acorde: un café llamado Urban Station diseñado especialmente para gente que busca un sitio para trabajar (casi siempre emprendedores sin oficina). Pagas una cuota por hora y puedes usar el WIFI, los sofás y comerte todos los muffins y tostadas que quepan en tu estómago. Claramente nadie va con esta intención, pero podrían hacerlo si quisieran… bueno, está bien yo lo haría.

(está bien, lo hice un poco; pero después del segundo café me dio verguenza).

El grupo que organiza estos encuentros se llama “Likemind” y busca conectar a gente con intereses y proyectos en común. Hacen desayunos una vez al mes con dicho fin (¿qué mejor que la energía de las 9 de la mañana para dicha actividad?). Al entrar fuimos recibidas por un grupo de 6 o 7 personas muy amigables que, al conocernos, querían inmediatamente saber qué hacíamos. Bueh.

¿Qué hace Daniela Maestres?

Y… depende de a qué te refieras. Todas las mañanas Daniela Maestres alimenta a su gato Napoleón. También es muy buena improvisando ensaladas. Corre 4 veces por semana. Redacta cosas dentro y fuera del trabajo. A veces baila en el ascensor y ultimamente mira mucho Mad Men. Claramente sabía que esa no era la respuesta que se esperaba de mí. Querían saber qué cosa interesante, qué negocio, qué idea fresca traía para alimentar al grupo. Sentía ojitos brillantes y ávidos de conocimiento esperando  fuegos artificiales.

-Bueno, a ver… hola, yo soy redactora y tengo un blog donde escribo sobre experiencias nuevas.

No lo sentí muy emprendedor, pero gracias al Dios de las ideas, pareció llamar la atención del grupo que me indagó un buen rato sobre mis últimos yo nuncas, sobre si salí drogada del temazcal y si estaba drogada cuando se me ocurrió montarme en un tren sin rumbo en Buenos Aires. Luego de charlar un rato, me relajé y me sentí cómoda a pesar de sentirme poco emprendedora.

Yo emprendo, tú emprendes, nosotros emprendemos

Fueron llegando más personas y cuando nos convertimos en un grupo numeroso, comenzó una ronda formal de presentaciones donde confirmé mi sospecha de que todos los que estaban ahí eran MUY emprendedores. Era un grupo realmente interesante: diseñadores de ropa, el director de un canal web de contenidos, una guía turística a punto de partir a Africa, un ascesor de comunicación y muchos otros jóvenes talentos apostando por sacar adelante sus  proyectos propios. Algunos tienen trabajos paralelos que les permiten costearlos y otros no. En la imagen superior pueden vernos a Luli, Vale y a mí escuchando alguna anécdota emprendedora y maravillosa.

La reunión fluyó e intercambiamos experiencias, anécdotas y mails. Muchos salieron con contactos nuevos de trabajo, otros con amigos, otros con futuros socios; quién sabe. Fue una experiencia linda. Algunos querían saber si sería un “yo nunca”. La verdad, en el momento no estaba segura, pero ahora sí lo sé. Definitivamente fue una nueva experiencia en donde comencé a sentir que tenía algo muy fuerte en común con todos: las ganas de descubrir. De ahí surgen todos los emprendimientos, las ideas, las relaciones.

Soy emprendedora por naturaleza porque me gusta vivir cosas nuevas. He dicho.

Mis amigas emprendedoras.

No sería justo despedirme sin dedicarle un espacio a mis acompañantes del día y sus lindos, lindos emprendimientos.

Valeria: es directora de arte en mi agencia, y creadora de  Blika. Blika es lindo, métanse y compren algo.

Luli: también es directora de arte y acaba de comenzar “Liberá un libro“. No quiero explicárselos todavía, pero pueden leer al respecto ahora mismo.

Pd: para  todo aquel que le interese, likemind se reunen una vez al mes.  Les dejo la fanpage para que los contacten :)

Pd2:  el que adivine cuántas veces utilicé la palabra “emprendedor” en el artículo se gana una idea para un nuevo emprendimiento que tendrá que financiar por su cuenta y otorgarme una parte de las ganancias.

he tomado un tren sin rumbo

18 abr

Trenes de Buenos Aires, línea Mitre, ramal Escobar a Capilla del Señor (primera decisión aleatoria). Eramos sólo Lucas y yo. A Lucas lo conocen ya de la experiencia del hipódromo (juego a que se leen todos mis posts). Un dato curioso sobre él es que nos conocimos ese mismo día, lo cual hizo de esa experiencia un yo nunca doble; pero bueno, volvamos al tren. Para llegar a él, tomamos uno previo. Nos apeamos (esta palabra aparece en todos los libros de Murakami y no logro sacármela de la cabeza) en Victoria y nos conseguimos con que, oh sorpresa, el tren elegido parecía que iba rumbo a una carcel de alta seguridad. De hecho, yo pensé que era un tren abandonado.

Escabrosas imágenes del tren del terror

Pues que poco sé de la vida y que poco sé de trenes.Dudamos un poco (yo en particular) y finalmente decidimos continuar con los planes. Por si no fuí suficientemente específica, la idea era tomar un tren aleatoriamente y bajarnos en cualquier estación que nos gustara. Bueno, el tren arrancó y el paisaje comenzó a ponerse cada vez más bonito y nosotros a sentirnos más cómodos. Asi paseamos por zonas desconocidas de la provincia bonaerense hasta que nos topamos con una ciudad con una estación muy particular: Garín. Esta sería nuestra primera parada.

Ahora mismo me entero de que es una ciudad de 59.000 habitantes, pero ese día deben haberse ido de vacaciones a otro lugar, porque si hay algo que no vimos mucho fue gente; supongo que también tendría que ver con que era un sábado a las 12 del mediodía. Nuestra primer aventura fue comer hamburguesas (patys para los residentes) en el local más cercano a la estación. Esto no tendría ninguna trascendencia si no fuese porque en el lugar estaban pasando Expendientes X, el programa favorito de Lucas. Yo creo que para él fue, sin duda, el momento más emocionante del día. El resto del tiempo lo invertimos en caminar, comprar frutas y tirarnos en la plaza central de Garín.

Esto es Garín (para que entiendan porqué no hicimos más que tirarnos en la plaza)

Cuando sentimos que ya conocíamos la ciudad como todos unos garinenses (¿garinenses?), decidimos tomar un colectivo con la misma metodología. Es decir, sin ningún tipo de criterio. Así fue como terminamos en Ingeniero Maschwitz, donde la actividad principal fue también tirarnos en la plaza central. También comimos empanadas locales que eran… iguales a las porteñas y conocimos la vinoteca “Ale, Nati, Adrian, Jimena” cuyo nombre no podremos olvidar. Luego conseguimos El Café del Tiempo, que era un encanto. Nos tomamos un café que no era tan bueno como prometía el lugar y cuando empezamos a ver que se acercaba la oscuridad, emprendimos el regreso. No sin antes hacer una parada en Tigre y dedicarnos a una de las tantas aficiones de mi acompañante: preguntar en edificos antiguos si se puede entrar y hacer un tour. Luego entramos al casino con más maquinitas que he visto en mi vida (de ambiente tan bizarro que da para hacer un Yo Nunca) y comimos  pizza tigrense… que es igual a la porteña también.

Lo más particular de esta experiencia creo que fue la simpleza de los acontecimientos. No pasó nada transcendente, pero el simple hecho de montarse en un tren desconocido y bajarse en un lugar incierto, caminar por calles que no sabes a dónde llevan y sentarte en una plaza en la mitad de la nada, te hacen sentir diferente e inseguro y te llenan la cabeza de imágenes e ideas nuevas. Igual como pasó eso, hemos podido conocer a un mashwitenze que estaba tocando violín en la plaza y haber terminado cenando en casa del ex director de la orquesta filarmónica de Buenos Aires y sus trece perros. No pasó, pero el punto es abrirse a la posbilidad de que eso entre infinidad de desenlaces ocurra. El nuestro fue terminar parados en medio de una sala de juegos de luces fluor y viejitos en bermudas. Raro comienzo y raro final de un día que no prometía más que lo inesperado.

cést finí.

Las curiosidades de Ingeniero Maschwitz (de arriba a abajo de izquierda a derecha): la cabina telefónica inglesa. Si entras apareces en Oxford/ la vinoteca de nombre inolvidable/ el café del tiempo/ los gatos falsos que de noche se convierten en verdaderos.

he estado en un temazcal

8 abr

No saben lo difícil que se me hace empezar a contar esta experiencia. Comencemos por la parte formal: “Del nahuatl temazcalli, (‘casa de vapor’, de temaz ’vapor’ y calli ’casa’), es un baño indígena con vapor de agua de hierbas aromáticas, propio en las culturas de Méjico y Norteamérica.” (citando a Wikipedia y no recordando cómo se cita). Hay muchos pueblos originarios que la siguen practicando, entre ellos los Lakota. Este es un pueblo nómada originario del norte del río Missouri en Norte América. Nuestros chamanes, aprendieron a realizar esta ceremonia según las enseñanzas de esta tribu. El objetivo de un temazcal es generar un espacio que nos acerque a nuestros orígenes; al vientre materno de la tierra donde sólo existía oscuridad y calor. Un espacio para soltar, agradecer, sanar pedir y renacer.

Mi contacto con esta experiencia surgió hace un año exactamente. Me llegó un mail de mi amigo Gastón que por alguna razón ignoré invitándome a participar de la ceremonia. Este año, en las mismas fechas, reapareció el mail en mi inbox como un deja vu. Gastón nuevamente me informaba que un grupo de gente se reuniría con Carlos, un chamán colombiano, a hacer el temazcal y esta vez yo no faltaría.

No hubo nada particular que me convenciera, de hecho tuve varios días dudosa y acosando a mi amigo para que me respondiera preguntas que ni el mismo chamán sabría. ¿Puedo morir en el temazcal?, ¿porqué en wikipedia sale que si tengo la presión baja no puedo hacerlo?, ¿responderá el temazcal a mis preguntas sobre el sentido de la vida? Unos días más tarde me encuentro con cinco desconocidos, tres amigos y una bolsa de bananas, en un bus rumbo a Gowland; el lugar del encuentro (los chistes y comentarios sobre el lugar llamado Gowland los omitiremos por salirse del tema).

Luego de un viaje no tan corto, llegamos a un terreno enorme con una pequeña casita de ladrillos de hormigón y ventanas de vitral. Ya había más gente pululando en el lugar. La ceremonia se realizaría dentro de un “Inipi” que es una carpa en forma de Igloo construída con ramas y cubierta con hojas o telas gruesas; los Lakota la cubrían con cuero de búfalo. Las fotos de arriba muestran nuestro Inipi en dos momentos de su elaboración. Siento no tener más fotos, pero no me permitieron sacar más.

Antes de entrar nos separaron en hombres y mujeres. Las chicas nos fuimos con la chamana, Maria Alejandra,  a hacer un círculo donde nos explicaron que nuestro objetivo dentro de la ceremonia era conectarnos con la femeneidad, con nuestra energía primitiva, la maternidad y los lazos familiares. También debíamos velar por el bienestar del grupo, por la comida y el orden. Cantamos canciones Lakotas, fumamos tabaco mientras le pedíamos al Temazcal que cumpliera favores y deseos.

Luego fue momento de entrar. El hombre de fuego, quién es el encargado de encender una fogata en donde se ponen a calentar las piedras volcánicas, tomó algunas en una pala y nos purificó con su humo. Luego entramos, mujeres primero y hombres después, pidiendo permiso con la frase: “con todas mis relaciones” (ya que uno entra con todo lo que lo relaciona dentro y fuera del temazcal).  Nos sentamos en dos círculos concéntricos y Carlos, el chamán, dio inicio a la ceremonia.

Estos son los indios Lakotas de Norteamérica. Los chamanes del Temazcal al que fui, aprendieron la ceremonia de la tradición según ellos.

Entraron las primeras piedras calientes a las cuales se les llama “las abuelitas” y hay que saludar respetuosamente. Luego se le esparcen las medicinas: salvia, palo santo y otras plantas aromáticas y finalmente el agua. Empezamos a cantar, algunas canciones en Lakota y otras en español. Se canta a la madre tierra, a Dios y a los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.

Entre oraciones, rezos y agradecimientos, se va esparciendo el agua sobre las piedras y se va liberando el vapor que lo nubla todo y convierte la oscuridad del inipi en algo denso. Comenzamos a sudar y a liberar toxinas (mentales y físicas).  Sudas hasta que sientes que estás sudando agua limpia; hasta que se te resbalan las manos y no puedes apoyarte sobre tus piernas. Empece a pensar que era imposible tener suficiente agua dentro de mí para manenter el ritmo. Me empecé a angustiar, y a sentir que no podría resistir.

Entre gritos, cantos y jadeos comencé a sentir miedo y ubicar salidas de emergencia. Comencé a ver a las famosas estrellitas que se ven antes de perder la conciencia. Ubiqué con la vista la silueta de mis amigos para poder tirarme encima de ellos antes de colapsar. Se me empezó a volver inmanejable la situación, sentía el corazón latiendo muy fuerte y no sabía cómo manejar la sensación que me recorría el cuerpo. Puse las manos en la tierra, ya decidida a levantarme  y en eso puse las manos en el piso… y el miedo y el malestar se fueron.

Sentí entre los dedos una corriente de aire frío que venía de afuera. Esa corriente me aseguró que no pasaba nada, me hizo confiar en mi decisión de estar ahí. Me hizo sentirme parte del grupo, como si todos dentro de esa carpa fuésemos una parte de lo mismo (nunca una corriente de aire se sintió tan importante).  Sentir el aire acariciándome las manos me hizo creer en mí misma y todo a mi alrededor cobró sentido. Justo cuando pude comenzar a prestare atención al grupo y dejar de lidiar con mi propia crisis, estaban cantando el coro de una canción que decía: “yo soy mi propio enemigo y me voy a derrotar”.

Se hacen cuatro rondas dentro del temazcal. Después de cada una se abre la puerta, se introducen más piedras (todavía recuerdo la voz del hombre de fuego advirtiendo que estaba entrando una abuelita caliente), y se invoca una dirección: el oeste, el norte, el este y el sur. De cada una viene la sabiduría de un animal sagrado y cada vez el ambiente se vuelve más denso y caliente y a la vez uno se va liberando más y más de bloqueos, pesos (y agua). Ya hacia el final todos cantábamos con euforia y sudábamos con euforia.

Yo salí muy feliz. Me atrevo a decir que todos salimos muy felices. Luego nos tiramos a la piscina y nos abrazamos. Fue una experiencia fuerte, linda, purificadora y que me generó paz interior. Esta experiencia no es para todo el mundo, estoy casi segura que después de leer esta entrada ya saben si es algo que les gustaría experimentar o no; pero si sienten que quieren hacerla, así sea sólo para entenderla mejor o para vivir algo nuevo; se las recomiendo absolutamente.

he visto a un ex novio vestido de mujer

26 mar

El siguiente es un “yo nunca” publicitario; pero no crean que el título es mentira. Es verdadero y tiene que ver con la experiencia (seguro pensaron que era una estrategia para hacerlos meterse en el blog; pues sí en parte lo es).

Pues resulta que mi ex novio Javier se viste de mujer dos veces por semana…

(espacio de suspenso para que se imaginen cualquier cosa)

… en las presentaciones de la obra de teatro “Menguada la hora”. La mano en la foto de arriba también es suya. Es de una serie de fotos que le saqué para la portada de una novela sobre un travesti.  Además de aquella vez, en otra oportunidad le tomé esta foto para una tarea de fotografía.

A estas alturas deben pensar que a mi ex novio le debe gustar bastante vestirse de mujer, y yo estoy pensando lo mismo; pero nos estamos desviando del tema.  Además que en ninguna de las dos ocasiones se vistió del todo, fueron meros actos represenativos; por eso esta experiencia cuenta como primera vez.  El punto en cuestión es que está actuando en esta obra que les mencioné, original de Cesar Rojas que se está presentando en el Teatro La Ranchería que queda en México 1152.

La obra es venezolana, lo cual ya de por sí me llena de orgullo y me sugestiona un poco; pero la verdad el montaje es fantático y las actuaciones también. Es un texto dramático sobre la vida y relación de dos hermanas que han generado un vínculo enfermizo  en torno a sí mismas y al hijo de una de ellas. No quiero adelantarles más, pero debo contarles que hay una escena interpretada con muñecas que es increíble (es cierto, pero lo menciono con la única intención de generarles mucha expectativa).

Supongo que se estarán preguntado que qué hago promocionando la obra de mi ex, y es una muy buena pregunta. Sin caer en largas explicaciones, más que ese título debería tener el de “mi buen amigo”. Pero para fines marketineros y para evitar los ” ay sí amigos, seguro” o “jaja, ¿tú crees que uno puede ser amigo de su ex?”; lo vamos a dejar con ese título.

Además de todo lo anterior, a media cuadra del teatro hay un bar de salsa que me han dicho que es muy bueno. Así que para completar la experiencia internacional pueden acercarse y “echar un pie” como le decimos en mi país.

Un momento cumbre de la obra. Mucha violencia, mucha intensidad, muchas emociones (Javier es el de la izquierda).

Bueno, ya saben: Ex novio vestido de mujer. Menguada, la hora. La Ranchería.  Sábados a las 23 horas. 40 pesos, estudiantes y jubilados 25.

he tenido una calimba viajera

23 mar

Estos son Calimba y Kalimba. Si buscan en Google lo verán más a él que a ella, pero yo me refiero a la de arriba que es de madera y tiene teclitas.

Nunca había tenido una calimba; nunca había tenido un instrumentlo; nunca había tocado un instrumento . Esta experiencia se fue transformando con el tiempo y terminó con mi calimba haciendo un viaje por el mundo. Todo comenzó a finales del año pasado, cuando decidí hacer un “yo nunca” de aprender a tocar un instrumento musical. Me decidí por la calimba porque tiene un sonido muy lindo y se ve más amistoso que una guitarra o un piano ( en verdad era uno de los más baratos que podía comprar).

La calimba es un instrumento africano que consta de una caja de resonancia y unas teclitas de metal (como bien pueden ver en la imágen de calimba y Kalimba). Una vez comprado, comencé a enamorarme de su sonido inmediatamente. No hay necesidad de tocar una melodía, con hacerlo sonar es suficiente. De igual forma, ya que el propósito era aprender a tocarlo, me metí en estas clases online y logré comenzar a dominarlo. Por cierto, calimba se puede escribir con “k” o con “c”, les digo por si buscaron en google y andan hablando de mis conocimientos ortográficos. Retomando:  unos días más tarde, con la ayuda de mi querida dupla Ale, inventé una canción (que fue la primera y única). Se la toqué a TODO el mundo que me frecuentó en esos días. La triste noticia es que  grabé mi canción con un programa que no manejo muy bien y esta mañana de alguna forma medio inexplicable la borré. Así que, para beneficio de ustedes, les dejo esta canción que es bastante más  bonita para que conozcan el sonido.

Al cabo de unos meses ya se había convertido  en mi acompañante de fiestas y viajes. En uno de ellos, me di cuenta de que, en realidad, la calimba siempre causaba algo lindo en el que la escuchaba; que tenía cierta magia inexplicable. Me pareció buena idea que más  personas pudiesen escucharla. Pensé en dejarla en una plaza, pero quizás caería en manos de un niño de cinco años que la usaría de pelota.  Así fue como surgió:

Esta es la calimba que acaba de emprender su viaje de mochilera por el mundo. Primera parada: Santiago de Chile.

La calimba viajera tiene el objetivo de pasar de mano en mano y de país en país. Comenzó su travesía en Buenos Aires y ahora está en manos de mi amigo Rodrigo Sepúlveda Stephens en Santiago de Chile que es el responsable de dársela a quien él elija.

Este es mi amigo Rodrigo leyendo el fax que le mandé sobre la Calimba viajera y mi viaje a llevársela. De más está decir que se sorprendió y emocionó mucho.

Idealmente  se la dará  a una persona que va a viajar a otro país y así generar una cadena. La calimba tiene anotado mi mail y si todo funciona, cada persona que la tenga me escribirá contándome un poco de su travesía.

Calimba en Santiago. La llevé yo misma (cosas de madre primeriza).

Que ruede :)

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